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Los ganadores y yo (selección)// Fernando Escobar Páez

Los ganadores y yo


Siempre te dicen

que eres como ellos

y que tú también puedes.

Yo les dejo el mundo

las grandes luchas

y los grandes amores,

tengo los ojos en llamas

y un árbol favorito para mear

que es lo mejor de todo.


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Quito Invasión Vol. I




En la videoteca nacional


Con la directora de la videoteca de Quito, yo plaqueta en mano y ella con naranja aromatizante con clavo de olor

Quito - EFRA PAEZ

“Me quiero morir como Sandro” me dice Efra Páez mientras caminamos por el barrio de La Mariscal, “fumando y con miles de chicas a mi alrededor”. Y es verdad, Efra es una máquina de prender cigarrillos y tomar cerveza, tanto que nadie puede permanecer sobrio lo que dure una tarde a su lado. Los ojos le brillan a este chico quiteño, renegado y malo al principio, sorprendente y genial después, apasionado por la poesía y la literatura y promotor de toda la contracultura de la ciudad y del país.


EFRA - Esta foto es exacta a la imagen mental que tengo de él


Había tardado mucho en poder conectarme con alguien que escribiera poesía en Quito. Pedía indicaciones para encontrar librerías o centros culturales y todo era vago y contradictorio. Entonces resolví hacerlo más fácil y me fui a Internet. En la página de las Elecciones Afectivas de Ecuador hay unos 20 poetas que reocorrí sin que me llamaran la atención. Hasta que lo encontré: nacido en 1982, con la foto más escandalosa del blog y el trazo más firme, Efra decía demasiado. Lo seguí por sus links hasta que encontré su mail y me senté a esperar que me contestara.

La respuesta llegó enseguida y al contrario de lo que yo había creído, aceptó instantáneamente encontrarse conmigo. A las tres de la tarde en una esquina, lo reconozco por la foto y empezamos a caminar. Ese tarde fueron casi 5 horas en las que charlamos de todo, de cine, de música de poesía, de política, del Ecuador actual y el Ecuador en el que él había crecido, de la Argentina actual y la Argentina en que yo crecí. Efra es la ansiedad bípeda, habla rapidísimo y miles de palabras por minutos, en acento cerrado quiteño, tanto que por momentos estuve tentada de pedir traductor universal.

Mientras tanto, nos tomamos todas las cervezas que caben en una mesa de bar y medio chispeados corrimos bajo el chaparrón más grande que vi desde que estoy de viaje. Me trajo un par de antologías de la nueva poesía ecuatoriana (con dedicatorias increíbles) y yo le regalé la colección completa de PLUP y un ejemplar de la revista peruana Lapsus donde salía su “pana”, el chileno Montesinos.

A nivel literario, comenzó disparando contra toda la escena local, acusándolos de un “facilismo escandaloso” para terminar recomendandome algunos autores canónicos como Carrión o Granizo, o más nuevos como Roy Sigüenza entre los poetas y un narrador (que después encontré a dos dólares en una librería de viejo) Huilo Ruales Hualca, una gran experiencia de lectura.

Leímos su libro próximo a salir – una narrativa breve muy personal que mezcla el humor y el horror del sexo - y me contó de sus experiencias editoriales con Machete Rabioso, un proyecto que ya no existe porque simplemente hay muchas cosas para hacer pero prefiere que la hagan los otros.

Efra me contactó con otra gente de Ecuador, gracias a él conocí la parte más rockera en el bar Barret y a Lesbo, la banda de Augusto, su “panager” (mezcla entre pana y manager)

Otra mañana, nos encontramos para ir a la Casa de la Cultura, donde anduvimos curioseando libros, mientras me recomendaba y me sacaba rapidísimo de ahí: la casa de la cultura (como todo organismo gubernamental) para él, apesta. Después fuimos hasta la casa de Andrés Villalba, un poeta y ensayista quiteño que armó un hostel en la casa de sus abuelos. “Esta era la salsoteca más grande de Quito, hasta que a mi tío le pegaron un tiro” me dice, tranquilo, mientras me muestra los restos: banquetas dadas vueltas, barras de colores y trastos apilados en el sótano. Su casa es un verdadero museo de obras de arte que pude curiosear mientras ellos preparaban las chelas del desayuno.


Efra & Andrés

Hablamos mucho de pintura, conocí por ellos a Luigi Stornaiolo, una especie de pintor maldito que retrata en su obra una especie de caricatura de la sociedad que puede ser la de Quito o la de cualquier ciudad latinoamericana. Quedamos en intercambiar textos de poesía. Ellos conocían bastante sobre poesía argentina de los 60. En ese momento había salido la última edición de El Interpretador sobre el tema, así que les envié el link para que conocieran la revista.


5to piso, un cuadro de Luiggi Stornaiolo.

Nos quedó pendiente hacer un encuentro o una lectura, mi tiempo en Quito se estaba terminando y sus semanas estaban demasiado complicadas, pero ya alguna vez será. Por ahora me llevo sus textos en mi casilla de gmail y muchas ganas de volver a verlos.

Ecuador – ¡Editores del mundo! ¡La poesía vende!

A partir de las seis de la tarde la calle principal de Montañita, playa al sur del Ecuador, todo se llena de color y de ritmos diferentes que salen de los más de 50 puestitos de frutas, licuados y tragos. Y artesanos.

A nosotras nos llegó la hora de trabajar un poco y fuimos meseras, barwomans, artesanas y vendedoras de empanadas en la playa.



Ecuador es un país dolarizado desde la crisis bancaria que sufrió en 1998; es algo extraño porque – superada la perplejidad inicial de encontrarnos pagando con moneda yanki en un país latinoamericano – nos instaló directamente en esa sensación menemista que hacía mucho tiempo no vivíamos y creíamos no volver a vivir. Nos encontramos entonces haciendo la vaquita de “un dólar pa la birra”, haciendo cuentas y multiplicando por 4.

Todos los días después de la playa nos instalábamos en la calle principal con nuestro puesto de pulseras, pinturas y... poesía. Fue gracioso porque nadie ofrecía un “paño” tan loco: nuestras pulseras eran demasiado rockeras entre tanto macramé, nuestras pinturas demasiado extrañas y el material de lectura llamaba la atención.



Aunque la idea de PLUP siempre fue la de regalar las plaquetas, llevábamos más de dos meses que estábamos de viaje y necesitábamos una reimpresión. Como mucha gente se paraba a mirarlas (y salvo libros de Cohelo a precio dólar no se encuentra nada parecido por la zona) decidimos venderlas a precio módico para organizar una fotocopiada general. Ofrecíamos cada plaqueta a 0.25 ctvs de dólar o 5 por 1 dólar. Fue una ganga y logramos de esta manera por un lado distribuir, y por el otro juntar algunos mangos para seguir subiendo con las plaquetas.

¡Editores del mundo! ¡La poesía vende!


Como Montañita es un lugar sobre todo turístico, las plaquetas se fueron hacia diferentes destinos de Latinoamérica y el mundo. A la vez era un buen punto de partida para hablar de otras cosas: conocí un grupo de chicos que tenía un proyecto muy parecido pero sobre cine (www.delkiwi.com.ar) y otros chilenos que viajaban con su muestra de pinturas (www.valpocaminante.blogspot.com), viajeros que contaban sus experiencias en blogs , gente que simplemente quería leer algo mientras descansaba en la playa celeste. Funcionó. Más adelante, en Quito, pudimos reimprimir para seguir repartiendo en Colombia.

A los que me pedían cuentos les recomendaba a Juan Diego, o a Diego Sánchez. Las chicas se llevaban a Valeria, a Sol, a Ana Laura. Comenzábamos charlando, me contaban sobre sus países o sobre lo que estaban haciendo y se iban con Paula, con Horacio y con Marianela en sus morrales. Además, en un momento, la calle de la música estridente y los morenos con el torso al viento se convirtió en una sala de lectura.