Venezuela: Santiago Acosta y la revista El Salmón.

Me encontré con Santiago Acosta el día anterior a dejar Caracas, Venezuela, tomar un avión y regresar a casa después de seis meses de viaje por Sudamérica. Nos ubicamos a ciegas, en el centro de la plaza Altamira, al lado de una especie de pileta de natación gigante. Después de largas temporadas de vallenato, salsa y merengue vi venir hacia mí una remera de Bowie en versión psicodelia y le rogué a Lezama Lima que fuera él. Era él.

Santiago Acosta + Bowie

Supe de la existencia de Santiago y de la revista El Salmón casi de casualidad, cuando estuve a punto de arrojar al fuego de los choripanes la sección cultural de un diario de Maracaibo donde salía una nota sobre jóvenes poetas. Dos semanas despues ahí estaba, a punto de encontrarme con uno de los exponentes más activos de la poesía contemporánea en Venezuela.

En la librería del Centro Cultural Rómulo Gallegos curioseamos todo lo que había. Los libros de edición nacional son baratísimos. “El perro y la rana”, por ejemplo, es una editorial estatal que saca títulos de entre 1 y 5 bolívares (en pesos más o menos sería lo mismo). Mi guía hizo una gran selección para mí que pagó su sobrepeso en el embarque de Aerolíneas Argentinas, con libros de la colección Ayacucho y grandes obras de la poesía venezolana que ahora miro con placer.

El salmón + PLUP

Santiago me trajo varios ejemplares de El salmón, que dirige junto a Willy McKey. Además de ser un objeto estético impecable, la revista se ocupa de realizar un trabajo hermenéutico preciso y profuso sobre la poesía venezolana. “Rescatistas antes que pioneros” así se definen cuando van a la búsqueda de autores olvidados o nunca reeditados, primeras versiones o descentralizan la poesía de las grandes ciudades para ir al interior del país. Todo esto está materializado en los 7 números, casi 8, que la revista lleva en dos años de existencia. Cada entrega en forma de un dossier específico que explora distintos costados de la historia de la poesía, desde el realismo o la poesía militarista hasta los desvaríos del surralismo o el imaginario apocalíptico. “El salmón es una vaina ligada completamente a Venezuela, porque así quiero que sea”, me dice Santiago, mientras hojeamos las revistas e intercambiamos información sobre nuestros respectivos países y hablamos sobre la dificultad de publicar, de distribuir y la importancia de generar un frente en donde los países latinoamericanos estén más conectados a través de la poesía.

firmando un ejemplar de Detrás de los Erizos

Santiago y otros poetas contemporáneos venezolanos, muy pronto en plaquetas de PLUP para bajar, imprimir y compartir.

3 comments:

Willy McKey said...

Muy agradecido por los piropos que le dejas a nuestra revista, amiga del Sur. Ojalá haya una nueva ocasión que permita conocernos. Un abrazo en la poesía.

reynamaga said...

me encantan las fotografías. Sobre todo la última. abrazos.

Caín said...

Dentro de una fantasía musical,
de mariposas brotando en flores
como tejidos carnales de esperanzas rotas,
alboroto alado de aromas almizcle
y palabras largas sin vocales
se derrama nostalgia en borbotones de caricias violeta,
torrentes de colores azules por las tiernas colinas
del valle que nutre de ambrosía rosicler caliente
la fuente lacrimosa...
Crece en mi habitación
con el silencio y la velocidad constante
de una fuga de gas
como algo erróneo peligroso e inflamable
lentamente
como un latido tarda en llenarse de sangre
para dar impulso a otro nuevo latido,
alborotando olas de púrpura piano,
y yo que no se qué decir
me quedo quieto como una hoja
como un pescado el día de la boda
in artículo mortis
muriéndo-
me
muy lentamente
colgando aún hilos de sedal en la boca
a la vez
pescador y pez...
Acto de redención absoluto
dulce muerte, dulzura,
en la soledad más inquietante
la caja se llenará de gusanos
y luego, tierra....
Mientras,
las golondrinas
dibujan en la dorada atmósfera de la tarde
una locura más grande
donde cabe toda la infancia
y las cosas de los mayores,
el viento se ha vuelto promiscuo y obsceno,
el viento
acecha la ropa tendida
de los tejados
le quita las pinzas y la arrastra por el suelo,
lejos me anima con su hocico
a no detenerme
antes de encontrar una fuente de agua
mientras me susurra al oído
que mis lágrimas
no alimentarán este mar lo suficiente
para que un pescador pueda llegar a rescatarnos.
Al detenerme he encontrado un lugar
donde las miserias
se detienen a gozar
en la carne
y el tiempo detenido a contemplarse
atusado por la brisa de las enfermedades.
Pero en mi vida nada ha participado nunca por entero
de ninguna idea pensada por el hombre
para la bondad,
ya de niño
latían complacientes en mi carne almohadonada
los alientos de esta fatalidad.
La incerteza, sin embargo, no proviene tanto
del hecho absolutamente intrascendente
en que se ha convertido hoy el babilón alarde excretor
y su higiene,
como de la resbaladiza y elusiva transparencia gelatina marina
que al igual que una sardina al sol
parece haberse deshidratado bajo esta luz de neón,
cultivando en mi entorno
una fabulosa cosecha de objetos cadáver
de líneas fauve y colores kandinsky.
A mí no me importa
no me duele
si necesito limón
me retuerzo el brazo izquierdo sobre la copa
y obtengo zumo,
no es limón
pero es ácido.
-¿Qué?.
-Que la verdura me aburre,
los humanos antro-
pofagia.
En el sosiego de esta noche clara y calma,
acaricia mi pecho un ángel.

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